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La meditación o mindfulness, una estupenda forma de relajarse 

(Que alguien me pegue un tiro, por favor)


En estas palabras en concreto, o con alguna variante, he escuchado este argumento cientos de veces ante mi frustración. La meditación o el mindfulness, he oído una y otra vez, es una forma de desestresarse, de relajarse, de olvidarse de todo, y por tanto, equiparable a otras formas de relajación, como darse un baño caliente, dar un paseo por el bosque, darse un masaje, escuchar una música relajante, etcétera. Pero ocurre que a veces meditamos y no nos relajamos, me acuerdo de hace años que se lo recomendé a una mujer en terapia que era muy nerviosa e impaciente, era una gran matriarca muy retroflexiva, esto es, sentía que ella, solo ella, sabía de las cosas y los demás eran bastante ignorantes. Después de apenas unos días practicando, me dijo que vaya mierda de técnica le había enseñado, que justo le provocaba lo contrario de lo que pretendía, que acababa mucho más estresada y revuelta de lo que empezaba, y que, en  otras palabras, me podía meter el mindfulness donde me cupiera. 


Este concepto rotundamente ignorante de la meditación tiene varios problemas. Primero, hay que decir que es causa de nuestra absoluta ignorancia respecto a cualquier tipo de trabajo personal, de cultivo de la mente o de la personalidad, conocimiento serio, me refiero, lejos de la filosofía new age o el pensamiento mágico, que es todo menos espiritualidad. Somos una cultura famélica espiritualmente, mirando obsesivamente al exterior (el escritor Mircea Eliade decía que Oriente y Occidente son dos gemelos que miran en direcciones opuestas, Occidente hacia afuera y Oriente hacia dentro).  

Desde esa ignorancia, se puede comprender que “sentir que uno está relajado” es el máximo de bienestar que podemos llegar a imaginar.

La consecuencia de tener ese concepto en la mente es que difícilmente nos vamos a comprometer con algo que no sabemos ni qué es ni para qué vale y que a veces nos sienta bien y otras no. Como mi clienta de terapia, si empezamos a meditar y vemos que no nos relaja, a veces justamente lo contrario, que nos hace sentir mejor por momentos, a veces exactamente lo contrario, vamos a decir, como ella: ¿pero qué mierda es esto?


Desde nuestra cultura absolutamente fóbica a cualquier tipo de dolor, (la cultura de la “comodititis”) sentir cualquier incomodidad (en algo en lo que no nos pagan) va a ser su sentencia de muerte. 


¿Quiere decir que la meditación o el mindfulness no son formas de desestresarnos, de relajarnos, de sanarnos? Evidentemente, sí lo son, pero es que detrás de relajarse hay mucho más. Recuerdo un hombre de unos sesenta años que venía un taller de mindfulness que teníamos en el centro. Desde el primer día dijo que venía porque le costaba mucho dormir. Pasados unos meses practicando mindfulness diariamente dijo que ya ha conseguido dormir muy bien, con lo cual, dejó de practicarlo. Evidentemente, el mindfulness no fue descubierto ni diseñado para dormir sino para despertar, pero es legítimo que cada uno lo utilice como quiera. Pero utilizar el mindfulness para relajarse es como utilizar un todoterreno para ir al súper a comprar patatas. Igual de necio, en mi opinión, es utilizar el mindfulness para dormir o relajarse sin más que el todoterreno para ir al Mercadona (ambas cosas se hacen a menudo, habría que ver cuál más…)


Pero si no es una simple relajación, ¿qué narices es el mindfulness o la meditación?, vamos a sintetizarlo lo máximo posible: 


1. Es una oportunidad. 


En mi adolescencia leí (no recuerdo en qué libro) una vez algo que me marcó bastante, una reflexión que decía que la mayoría de las personas, al menos en nuestra cultura, tenemos infinitamente más defectos que virtudes, que somos seres fundamentalmente mediocres, llenos de lagunas, contradicciones, traumas pasados, manías irracionales, etcétera. Ocurre que todos tenemos también fuertes sesgos para proteger nuestra autoestima y no sentirnos una cagarruta (sesgo de autoservicio se llama). 

 

En las últimas décadas hemos sido testigos de increíbles avances tecnológicos (internet, comunicaciones, medicina) e incluso sociedades (derechos humanos, feminismo, etcétera) pero, a mi modo de ver, la calidad de las personas no mejora a nivel individual. En un taller de mindfulness me preguntaron una vez si para una persona de hace 100 años le resultaría más sencillo practicar mindfulness y crecer que a una de ahora, y dije que creía que sí, pues aquella persona no estaba expuesta a la cantidad de estímulos, la brutal presión del marketing, la “necesititis” que nos ha creado el mercado, y el temperamento TDAH que nos ha forjado esta cultura en tantos campos desnortada. Por tanto, el mindfulness es una oportunidad de cultivar la calidad personal, aquella que permanece detrás de todas nuestras “pedradas”, como se dice, nuestras rutinas e ideas heredadas (introyecciones), nuestro pasado abierto y no digerido, nuestras profundas contradicciones o escisiones que nos hacen en alguna vida personas esquizofrénicas (que etimológicamente significa espíritu dividido). Mindfulness es una oportunidad de activar esa revolución pendiente y que tantos morirán sin acercarse a ella, recordando al gran poeta César Vallejo en su poema

 

Estáis muertos.

      Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos.

(...)

      Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene.

 Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca, sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

      Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

      Estáis muertos


2. Es una forma de rebelarse. 

 

Rebelarse ante el sinsentido y el desnortamiento del mundo en forma de voracidad, de violencia y de falta de inteligencia emocional, esa “agonía del patriarcado” que tan bien explica el gran psiquiatra Claudio Naranjo en su libro del mismo nombre. Este desnortamiento es reconocido por muchas personas y muchos autores, seguramente es algo muy subjetivo que depende de nuestra visión y perspectiva. Pero parece bastante sensato decir que el mundo y las personas que en él habitamos, no estamos a nivel psicológico en el mejor momento, y podemos argumentar para ello la radicalización de la opinión pública, el auge de los partidos que promueven el odio y la intolerancia, la persistencia e incluso aumento de problemas sociales, la brutal incidencia de las enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad y el masivo consumo de psicofármacos. Rebelarse significa no aceptar una vida mecánica, robótica, basada en un consumo sin sentido y en la explotación de la naturaleza y de los demás seres humanos. Ocurre que quien quiere rebelarse acaba, en demasiadas ocasiones, desde la falta de control de sus propias energías y de su propia mente, haciendo que su rebelión sea simplemente fuegos artificiales, una rebelión de salón, sin significado ni sustancia. Rebelarse es promover una vida auténtica, de consciencia y relaciones sanas, de equilibrio, salud y respeto por todo y por todos. Pero sin trabajo interno, esta rebelión, en mi opinión, no es más que hacer con una mano para deshacer con la otra, como se dice, porque como decía Gandhi: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Mindfulness es una forma de rebelarse sobre todo ante la pérdida de nuestra profundidad y de nuestra humanidad que promueve, o mejor dicho impone, el sistema, como si estuviéramos en el “Mundo feliz”de Aldous Huxley.


3. Es hacer que no decir. 

 

Un aforismo del yoga dice: vale más un gramo de práctica que 100 toneladas de teoría. Pero hemos olvidado esto, somos la cultura de la teoría, o como dice el gran Ernesto Sabato “por la razón hemos llegado a la estupidez”. Tenemos muchas creencias, católicas y apostólicas o protestantes, en el karma y en los chakras o en la astrología y la alineación de los astros. Tenemos la cabeza llena de teorías y teorías, pero finalmente todos somos iguales, igual de mediocres e incapaces de gestionarnos, de hacer realidad esas ideales. Qué fácil es amar a la humanidad y qué difícil es amar a las personas, dice la gran monja budista Pema Chödrön. Tenemos vidas mediocres basadas en muchas ideas que no llegamos a poner jamás en práctica. El mindfulness es bajar al barro, dejar de especular y de sentirnos espirituales y budistas (hay un budista cada diez metros, aproximadamente, budista sui generis, digamos) y de fomentar esa lamentable idolatría, ese darle toda la importancia a la forma y nada al fondo, encontrándonos en ese terrible culto a la imagen y al postureo del cual nuestra cultura sabe tanto. Dejemos de ser teoría y palabra vacía y seamos personas, cultivemos como decía el psicólogo Carl Rogers, “el proceso de convertirse en persona”.

 

4. Y finalmente, cultivemos la salud realmente. 

 

Porque somos centauros, con muchas ideas sobre la salud pero con la ignorancia supina sobre la salud. Nos pasamos mucho tiempo haciendo deporte pero descuidamos la parte más importante, la mente, la salud mental. De qué narices sirve a nivel de salud comer perfectamente y luego estar más confundido o con más ansiedad que vergüenza, de qué sirve correr diez kilómetros cada día para luego ser alguien incapaz de relacionarse o incapaz de tener empatía con su vecino. La salud integral empieza en la mente, en la salud mental, y si nos olvidamos de ella, es como si arregláramos toda la carrocería y el interior de un coche perfectamente, hasta obsesivamente, y nos olvidáramos del motor. Por tanto, practicar mindfulness es empezar la casa por los cimientos, y desde ahí construir una vida valiosa, una vida sana integralmente, una vida bien relacionada y una vida que valga la pena vivir. 

 

Por todo ello te aconsejo acudir a nuestros talleres de meditación mindfulness, que este año hemos abierto los martes por la tarde y los miércoles por la mañana, circunscritos una clase más amplia, pero que se pueden practicar junto con el resto de la clase o acudiendo a esta parte de la clase solo. Aquí tienes más información 

Ver vídeo explicativo

 

Jose Bravo

 

 

 

 

 

 

 

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